Soy mayor: el futuro también es nuestro

La realidad es que cuando llegas a los 50, 55, 60 o 65 años cambian algunas cosas, pero la vida continúa y no se deja de ser productivo.

¡Detente! Has un alto para pensar un momento sobre tu vida como adulto mayor. Sí, como adulto mayor… Los 60 no son los nuevos 40, los 60 son los nuevos 60 y nadie nos quita lo bailado ni nos elimina nuestra experiencia de vida. Vale la pena una introspección para analizar dónde estoy en mi vida, qué me apasiona, qué deseo para mí y cómo quiero vivirla.

La realidad es que cuando llegas a los 50, 55, 60 o 65 años cambian algunas cosas, pero la vida continúa y no se deja de ser productivo. Además, nadie tiene derecho a definir nuestras vidas.

Analicemos algunos ejemplos cotidianos que reflejan el discrimen por edad. Pregúntate: ¿Has sentido que te miran raro cuando vistes como te gusta? ¿Cuando llegas a un servicio te envían a la fila de los seniors? ¿Asumen que no escuchas y te hablan alto? ¿En el trabajo ya no te envían a adiestramientos? ¿El médico le habla a tu acompañante? ¿Te chiquitean o te llaman abuelito? ¿Tus hijos critican el que te enamores o que hables de sexualidad?

Todos estos son ejemplos de edadismo que atentan contra tu identidad, independencia y dignidad. Nadie deja de ser quien es, ni vuelve a ser niño, y el ser mayor no justifica que otros quieran tomar decisiones por ti.  Envejecimiento no es sinónimo de enfermedad. Hemos aprendido estos prejuicios por nuestra formación social y hasta los anuncios comerciales te dicen lo que se supone que sea la belleza, lo que nos podemos poner, cuál es nuestro rol social, y cuándo debemos retirarnos para no ser un estorbo. Igualmente, vemos personajes como el viejo verde o la vieja maniática. Alerta, porque si asimilamos esta “autoprofecía” edadista los estudios indican que puede acortarse nuestra expectativa de vida hasta por siete años.

El edadismo es la forma de discrimen más normalizada y aceptada, y pareciera que los mayores no tuviésemos futuro aún con 30 años más de vida. La realidad es que vivir a nuestras edades es un privilegio que no todos tienen, y hay que honrar esa vida y los años haciendo la diferencia.

Te tengo noticias, el futuro es inclusivo y tú continúas teniendo un rol importante. También hay que redefinir lo que es productividad y hay que retomar el desarrollo personal, no importa la edad. Tenemos que mantenernos competitivos por nuestro Puerto Rico.

La solución del desarrollo sostenible está en la gente mayor y este capital humano es trascendental para el regreso de los que emigraron. Tenemos que soltarnos de las amarras sociales y emocionales que nos dicen que no podemos.

Tenemos que hacer una revolución de las canas y decir: "Yo estoy aquí y no me voy a bajar". El Gobierno depende de nosotros, la industria privada depende de que nos entiendan e incluyan, y el sector comunitario nos ha ido descubriendo por el protagonismo de las personas mayores hasta en la misma pandemia. Levántate y date una palmada en el hombro y repite con nosotros: “yo soy mayor y el futuro también es nuestro”.

El autor es el director estatal de AARP PR.