Maravillas de la Web: Niños adictos digitales

Obtener esas recompensas puede ser divertido para la tan activa mente juvenil.

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En tiempos de aislamientos y distanciamientos por la pandemia del COVID 19, los niños y muchas veces los adultos jóvenes pueden pasar demasiado tiempo frente a las pantallas digitales en juegos de video.

Sin darse cuento ellos, ni sus mentores, los entretenidos videos los van convirtiendo en adictos digitales. La pantalla grande del televisor o las tabletas y los celulares se transforman en una especie de opio electrónico difícil de dejar. Siquiera por un rato corto.

Si no lo cree, observe la rabieta que estalla cuando una madre o padre le apaga los juegos a la hora de almorzar, cenar, descansar la vista, a la hora del baño o  dormir.

La mayoría de los padres de niños pequeños pueden relacionarse con este escenario: su tribu zombie de hijos se divide en zonas distintas frente a las pantallas, luego las peleas y pataletas cuando le apagan los dispositivos.

Los estudios han relacionado el uso excesivo de los juegos y videos por parte de preescolares con un mayor riesgo de obesidad, menos horas de sueño y retrasos en el aprendizaje del lenguaje y manejo de emociones.

TRANSICIONES – El ambiente se vuelve tenso cuando llega el momento de hacer las transiciones de una actividad virtual a otra real. Entre menos edad tenga el infante, más insoportable su actitud. Estudios por parte de siquiatras, sicólogos científicos de los comportamientos humanos indican que si un menor pasa más de tres a cinco horas seguidas al día en juegos frente a su mini-pantalla, hay adicción digital. ¿Cómo ocurre?

Los sonidos intensos, los colores y el rápido movimiento del contenido digital pueden hacerse mucho más envolvente y fascinante que el mundo real, y por lo tanto, mucho más difícil de desconectar. La interactividad, es decir, tocar una pantalla y hacer que algo suceda, es particularmente hipnotizador para los niños pequeños. Más significativo aún, le es intensamente gratificante.

PREMIACIONES – Muchas aplicaciones y videojuegos otorgan recompensas en forma de puntos o calcomanías virtuales (badges). Obtener esas recompensas puede ser divertido para la tan activa mente juvenil. Y es que los inventores de juegos y aplicaciones son muy conscientes de que están retando la atención de nuestros hijos e incorporan características de interjuego que los hacen difíciles de apagar y guardar.

Y todo esto incluso, va más allá de simple comportamiento y trasciende a las esfera neutrales del cerebro humano. Lo que está pasando en el cerebro de un niño es que las actividades placenteras provocan la liberación de dopamina, un neurotransmisor que envía una señal a la corteza prefrontal, la parte del cerebro involucrada en la planificación y organización de tareas. El mensaje químico que el niño recibe es: intenta una vez más, no pares ahora. Hay recompensas si no te rindes.

Este sistema de elogios y recompensas no se limita, por supuesto, al mundo de los juegos de video. En la vida real, los niños responden de igual modo con liberación de dopamina cuando reciben elogios de los padres o comen el bocadillo, o golosinas que les gusta, en particular si tienen hambre.

BAJÓN –  Pero, cuando los padres de repente detienen los juegos o apagan los videos de YouTube, los niveles de dopamina caen de golpe en el cerebro del niño.  El apagón digital se vuelve sicológicamente doloroso. Los niños experimentas un abandono transitorio, como que nada será igual por lo menos durante las próximas tres horas de si vida.

Es que por acondicionamiento o por diseño, los niños pequeños no tienen la capacidad todavía para regular sus emociones o navegar con éxito las transiciones súbitas, todo sin asustarse. En un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington en el que participaron niños de uno a cinco años, el 93 por ciento de los padres confirmaron el berrinche de sus hijos al apagarles la pantalla digital.

ESTRATEGIAS – La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda a los padres no exponer a pantallas digitales a niños menores de 18 a 24 meses y que niños de dos a cinco años no tengan más de dos horas continúas de pantalla al día. La organización también recomienda a los padres ayudar a sus hijos entender los tipos de juegos y videos que consumen y sobre godo, lo importante de desconectarse con frecuencia.

Es clave disciplinar al menor para que el tiempo frente a la pantalla digital sea una parte predecible y programada de las rutinas diarias de los niños, por ejemplo, luego de las tareas o mientras mamá o papá preparan la cena.  Se sabe que cuando se planifica el uso de los videojuegos, los niños están mucho menos molestos cuando es hora de que termine su recreo digital.

Ayuda mucho recurrir al sistema de recompensas. Hay que ofrecer al niño un refrigerio, una merienda o dejarlo ir a jugar afuera, tan pronto le apaguen la pantalla.

Rafael Matos es periodista y profesor de multimedios. Puede comunicarse en [email protected]

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