Las cartitas de mis hijos

Lee la columna "TiTantos" de la bloguera Uka Green

Uka Green tiene opiniones y convicciones que comparte desde diversas plataformas mediáticas con su proyecto TiTantos. - Captura / Instagram

Detesto esa frase de un poema que dice que los hijos “no son tus hijos, son hijos de la vida”. ¡Ñoña eh! Son míos, míos y de mi marido hasta que me muera, y aún después de la muerte serán mis hijos también. Que el amor, por lo menos el nuestro, nunca se acaba y mucho menos con esa tontería de que son hijos de la vida… Pues yo soy madre de la vida… Mi marido es padre de la vida… O sea, la familia de la vida.

Y les cuento de mis hijos porque encontré en el baúl de los recuerdos varias notitas de cuando eran chiquititos, escritas con su puñito y su letrita. La primera fue de Antonio, quien habrá tenido unos seis años en ese momento, que dice: “Cerido Mami. Yo Antonio te quiero mucho se que te hablo de o tra manera pero auncesea yo te quiero dar un besito y un abraso y te adoro. Antonio fue el que te lo escribio escribeme una nota por detras del papel”. Le di la vuelta al papel ipso facto, traicionada por la memoria y esperando encontrar una contestación que de no estar, hubiera sido causa de llantén y plegaera de culpabilidad el resto del día. Estrujado y arrancado al descuido de su madre la libreta de rayitas entrecortadas, el papel guardaba, afortunadamente, mi contestación: “Querido Antonio: Gracias por tu nota y por quererme tanto. Yo también te amo con todo mi corazón. Besito, Mamá”.

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De mis cuatro hijos, dos son escribidores activos como yo (sí, escribí escribidores porque no somos escritores, todavía) y dos son escribidores pasivos, de esos que una vez al año, cuando empuñan el lápiz, te rompen el corazón. Mi marido y yo tenemos toda clase de notas, notitas y nototas guardadas por toda la casa. Viven en las mesitas de noche, en el clóset, en cajas, cartapacios… Las hay garabateadas en Crayola, manchadas con Sharpie, casi ilegibles en lápiz, bolígrafos de todo color, en fin, todo un abanico de formas, estilos y colores.

Entre las más que me gustan hay una que lee: “Mami, soy yo, tu hijo Lorenzo. Si me perdonas marca el cuadrito de SÍ con dos palitos en forma de X. Si no me perdonas marca el cuadrito de NO con los mismos palitos”. También de Lorenzo encontré una, más viejita, llena de corazones y escrita con la seriedad de un magic marker negro que dice “mamá tecieromucho Lorenzo”.

Antonio y Lorenzo casi siempre acompañan sus cartitas con dibujos. Parece que se las saben todas, porque a mi siempre me dibujan flaquita, con el pelo lacio, y con una sonrisa.

Lorena no escribía mucho. Pero cuando lo hacía le ponía feeling. “Mama Love Ya! ¡Eres la mejor! Te amo with all my heart, casi como a Nick Jonas. Happy Bday U Are the Best!

Cuando mi madre murió Lorena, quien la llamaba Bulita, quedó destrozada. Y no escribió. Pero hizo algo que a mi me rompió el alma y me arrancó el poco corazón que me quedaba. Sin decirnos nada, a escondidas, preparó un corazón rojo, de plasticina, que pegó justo en el centro del espaldar de su cama. A la izquierda y a la derecha del corazón, todavía con sus huellas, colocó un I y un Buli. Esa ha sido la mejor frase de Lorena, I love Buli.

Una vez encontré una notita doblada encima de mi mesita de noche que decía "Mami" con la letra de Lorena. Me emocioné con la idea de que me hubiera escrito unas líneas. La abrí con cuidado, saboreando el momento: “I phone 3G, Iphone 3G, Iphone 3G”.

Antonella es un poco más expresiva. De ella guardo longanizas de cartas. Como hermana mayor, fue la líder de sus hermanos para preparar una cartulina blanca, enorme, con letras pimpoletas de escarcha roja y plateada que decían Happy Bday Mami y con la que me sorprendieron a las seis de la mañana de mi cumpleaños. Aquella cartulina estaba llena, llena, llena de mensajes por todas partes, siendo los de Antonella los más largos. La jodida escarcha se iba desparramando por toda la cama, el piso, el baño… es como mágica porque un año después aún cuando paso la escoba me parece ver una que otra escarcha vivita y coleando.

En otra de sus misivas cumpleañeras me puso: “Mami, cada día te vas poniendo más joven” (ésta tenía un permiso en fila cuando escribió la cartita). Y luego, para su fatalidad, le añadió inocentemente un “jaja”. “Gracias mami por siempre estar presente en mi vida. U are Da’ Best No Matter What”. En ocasión, un poco más parca y discreta, me escribió: “Mama, pichea, sorry, whatever”.

Entre tanta y tanta carta, doblada, guardada y atesorada, hay una que es mi favorita y que fue escrita por ella cuando tenía unos siete años, pensando en su mentecita que su cartita enviada a manera de avión por las escaleras pa’ bajo aplacaría uno de mis corajes. Horas antes, en casa de una vecina, mi pobre hija se hizo caca encima. O sea, encima. Intentó llegar a tiempo al baño y no lo logró. El resultado fue un emplaste tal en el baño de aquella vecina siempre tan limpia, tan acicalada, tan de grama cortada y marquesina lavada, que tuve que limpiar el baño completo allí mismo a fuerza de cloro, agarrar a mi hija de la mano y caminar calle arriba hasta mi casa, yo muerta de asco y vergüenza, y la niña cagada.

Luego de la limpieza de rigor, y les juro que si yo pudiera echaría a mis hijos de vez en cuando en la lavadora y apretaría con gusto el botón del ciclo heavy duty, me senté en el sofá del family a ver la televisión y a contarle a mi marido, quien, por supuesto, se moría de la risa a sabiendas de que para esos menesteres soy prácticamente impedida. De repente aterrizó en mi cabeza la punta de un avión de papel, tan mal doblado que no tuvo otra opción que estrellarse contra mi frente cuando lo tiraron escalera abajo:

“perdona mamá
me e cagado y enbarrado el baño de beti
yo tambien te qiero”

 

Esta columna expresa solo el punto de vista de su autor. Uka Green es publicista y bloguera. Puedes contactarla a través de su página de Facebook: Uka Green o visita su blog Cincuentaytantos.

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