Maravillas de la Web: La fascinación digital

Lea la columna del profesor Rafael Matos

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Muchos internautas se preguntan cómo es que nos encapricha tanto el mundo virtual de la Web. Pues, todo se fundamenta en ciertas quimeras de la mente humana.

Entendamos que la Internet es una tecnología de datos fragmentados. Bits y bytes. Ristras de data segmentada. Pixelación seductora. Nos divide la atención y, a su vez, nos obliga a enfocar –prestar atención involuntaria– al flujo tan acelerado de mensajes, visuales y los data.

Se trata de una turbación fascinante. El misterio hace que ese asombro obligado se haga divertido y mueva al internauta a la participación sin fin. ¿Cómo? Los contenidos más fascinantes de la Web son una combinación precisa de palabras, visuales e interactividad. No funciona bien ninguno de esos elementos sin el otro. Todo está conectado. Así vemos, que a pesar de que la Internet es toda una trama de parapetos científicos, alta tecnología y lógica sobria e imperturbable, logra que la gente preste atención, se obsesione y actué activamente con sus contenidos. Es casi todo un arte de embelesamiento obligado.

Atados

No podemos negar que ya estamos casi todos enviciados sicológicamente con el uso de la Internet y su gran engendro: la Web. Vivimos deslumbrados con el constante flujo de correos electrónicos y con los hechizantes estallidos de voceos en las redes sociales. Es casi imposible desconectarse por largo rato del tan universalmente accesible corriente de ofuscación virtual.

Y sí, es cierto, no es fácil desvincularse de ese enorme flujo de estímulos y sensaciones virtuales. Menos todavía, dejar a un lado al gran bazar ciberespacial que baila antes nuestros ojos desde distantes rincones del mundo hacia una pantalla diminuta en nuestras manos. Es como un cordón umbilical cibernético por donde un río de visualizaciones y sonidos cae en la mano y de ahí a nuestro cerebro.

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Hora a hora, verificamos nuestro celular sin cesar. Minuto por minuto, damos más atención a la pantalla LED que a los pensamientos de interlocutores alrededor de una mesa de conversación. Súper enganchados.

Hipervinculados, esa es la palabra técnica. De hecho, es la que describe mejor la función esencial de la Web que es enlazar millones de contenidos con pega digital.

Embelelos

Los expertos en crear contenidos pegajosos ofrecen textos cautivantes, diseños seductores, navegación práctica y visuales espectaculares.

En ese interfaz virtual del siglo 21, la mente humana funciona como si estuviera dentro de un universo de espejos infinitos. Y, a veces esa actividad interactiva es más estimulante que la experiencia real. Al cerebro le fascina creer que aspira olores, siente colores, vibra con los sonidos y toca los objetos que cuelgan por todos lados en el universo virtual de la Web como si fueran reales.

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Sin embargo, los buenos contenidos de la Red no son meros espejismos y trucos, sino una experiencia entretenida entre lo real y lo virtual. Sin saberlo, nos resulta gratificante y convincente como una buena obra de teatro, una buena película o como un sueño en vivo y a todo color.

Esta columna expresa solo el punto de vista de su autor. Rafael Matos es periodista y profesor de multimedios. Puedes contactarlo a través de [email protected]

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