Lo que hay más abajo del ombligo hay que chequearlo

Lea la columna de la educadora en salud Lilly Rivera

Suministrada

Los otros días fui invitada a un evento de educación sobre cáncer en mujeres de la fundación Nueva Vida en Washington D. C. Allí exhibieron el documental No Evidence of Disease (N.E.D.), de Spark Media. Les juro que pensé que era sobre cáncer de mama porque esa es la campaña de prevención y recaudación de fondos para tratamientos e investigación que uno escucha mayormente.

Para mi asombro, se trataba del cáncer de ovario, un tipo de cáncer poco conocido o divulgado a pesar de ser la quinta causa de muerte por cáncer en mujeres en los Estados Unidos y el más mortal de todos los cánceres ginecológicos.

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Tan es así que, de acuerdo con Ovarian Cancer Research Fund Alliance (OCFRA), cada año en los Estados Unidos, se diagnostican unas 22,280 mujeres con cáncer de ovario, de las cuales 14,240 (aproximadamente 63 %) fallecen. Se estima que una de cada 75 mujeres desarrolla cáncer de ovario. Tenemos que darlo a conocer y hablar más sobre lo que nos pasa allá abajo.

El documental muestra historias de mujeres diagnosticadas con este cáncer alrededor de la nación, la supervivencia de algunas y la muerte de otras.  Conocemos también —seis cirujanos ginecólogos oncólogos—, quienes además de ser médicos, son una banda de rock (N.E.D.) “buenísima” que a través de sus conciertos públicos llegan a todo tipo de personas. Vemos desde una perspectiva diferente la manera en que los especialistas manejan cada caso, los tratamientos, cirugías, satisfacciones o desafíos. Miedos, tristezas, impotencia, esperanza, apoyo familiar, empatía, educación y música.

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Ese recurso, la música, ayuda a traer la atención a que hace falta más investigación sobre cáncer de ovario, pues no existe una prueba de detección temprana que aumente el porcentaje de supervivencia y advierte la necesidad de educación sobre los síntomas “que sí existen”.

Les confieso que quedé atónita al ver la poca importancia que se les presta a los ovarios y la falta de chavos para research. Me conmovió escuchar los testimonios de las mujeres que desconocían que tenían cáncer, aunque su cuerpo se lo decía. Nunca les prestaron atención a sus ovarios. Y cuando lo hicieron, para muchas resultó muy tarde. De acuerdo con la Sociedad Americana contra el Cáncer, todas las mujeres jóvenes o envejecidas están en riesgo de padecer cáncer de ovario.

Factores de mayor riesgo

Antecedentes personales o familiares de cáncer de ovario, mama o colon, obesidad, envejecimiento (la mitad de los cánceres de ovario se desarrollan a los 63 años de edad o más), posmenopausia, mutaciones en los genes BRCA1 / BRCA 2; menstruación temprana, infertilidad no deseada, terapias de reemplazo hormonal, tener hijos después de los 35 años o nunca haber tenido hijos.

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Una de las características más inquietantes del cáncer de ovario es que sus síntomas suelen confundirse con problemas de salud menos serios, lo que frecuentemente resulta en que la mujer no busque atención médica ginecológica y se retrasen el diagnóstico y el tratamiento correcto.   

Los síntomas comienzan vagos y progresan. Puedes notar dolor abdominal, dolor pélvico, barriga inflada, dificultad al ingerir alimentos o que te sientas llena inmediatamente, ganas de orinar con urgencia o con mucha frecuencia, pérdida o aumento de peso sin razón, cansancio extremo, indigestión, acidez estomacal, dolor de espalda, dolor durante el coito, estreñimiento, cambios en tu periodo menstrual, sangrado anormal.

La Coalición Nacional Contra el Cáncer de Ovario  recomienda que si los síntomas persisten diariamente por más de dos semanas, pidas al médico una combinación de examen pélvico/rectal, un ultrasonido transvaginal, y un análisis de sangre CA-125.

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No se puede prevenir el cáncer de ovario. El uso de anticonceptivos orales, los embarazos completos, amamantar, la histerectomía, la remoción de los ovarios o trompas de Falopio, reducen el riesgo. La visita anual al ginecólogo o antes si observas algo inusual en tu cuerpo es “indispensable”.

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