La inspiradora historia de una abuelita que decidió viajar por el mundo y no cuidar a sus nietos

Nunca es tarde para cumplir los sueños.

Josefa Feitosa La brasileña ya ha ido a 40 países, según medios internacionales.- Instagram @joviajando.

El empoderamiento femenino se vive en cualquier etapa de la vida, incluida la vejez, algo que probó Josefa Feitosa, una mujer brasileña que rompió los estereotipos para cumplir su sueño: recorrer el mundo.

Ella ha cautivado la atención de todos al vivir una segunda juventud luego de tener hijos, e incluso nietos, a los cuales no decidió cuidar y criar, como puede ser costumbre en Latinoamérica, sino aprovechar esta etapa de su vida para visitar lugares desconocidos.

Actualmente, la abuelita suma 40 países de Europa, Asia y África en su pasaporte y mediante las redes sociales comparte postales de todas sus aventuras, como una influencer más, inspirando a otras mujeres a hacer lo mismo.

Josefa Feitosa vendió todas sus pertenencias y se dedicó a viajar

Sin embargo, para lograrlo tomó una decisión radical: vender todos sus inmuebles y pertenencias para tener el dinero suficiente para abandonar su país natal.

De acuerdo con RCN, hasta 2016 fue trabajadora social en el sistema penitenciario de Caerá, así que cuando llegó el momento de la jubilación quiso romper la monotonía de su vida.

“Hay mucha vida fuera de esta cajita llamada hogar. Una no se convierte en abuela para cuidar a su nieto”, expresó en una entrevista.

No obstante, su travesía no ha estado exenta de polémicas. Hay quienes critican a Josefa Feitosa por no quedarse en casa apoyando en la crianza de sus nietos, tildándola incluso de egoísta.

De hecho, al inicio tuvo problemas con su hija Lilith, que no estuvo a favor de la decisión que su madre pensaba tomar, pero ella ya le había dedicado toda su vida a sus tres hijos, por lo que era su momento de disfrutar.

La mujer siguió su camino y empodera a mujeres maduras a seguir sus sueños, porque ellas tienen el control de su vida y no deben dejarse llevar por prejuicios o estereotipos impuestos por la sociedad.

Los años no restan el derecho de vivir y disfrutar la vida, por lo que jamás el amor propio la hará una mala mujer.