Cómo reconocer y manejar las pérdidas durante la pandemia de COVID-19

Las medidas adoptadas para prevenir el COVID-19 y el distanciamiento social o físico trajeron cambios sustanciales en las actividades de la vida diaria de las personas y en la forma en que se relacionan.

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Por Dra. Luisa Álvarez Domínguez
Psicóloga

Los cambios representan retos que han requerido que busquemos alternativas a la hora de expresar y compartir los sentimientos y emociones que le acompañan. Las circunstancias actuales crean un contexto en el cual las personas pueden estar manejando varias pérdidas y procesos de duelo a la vez. Esto hace que los procesos de duelo se acumulen, lo que los hace más prolongados y complejos en su manejo para muchas personas y en particular para los adultos mayores.

Cuando hablamos de pérdidas nos referimos a algo que es preciado y valorado por una persona y que puede ser un objeto, una actividad, una mascota u otra persona. Cada pérdida experimentada conlleva su propio proceso de duelo que durará el tiempo que la persona necesite para recuperarse y poder continuar con su vida. Eso requiere que se identifique eso que se perdió y enfrentar las emociones asociadas a dicha pérdida. Ahora bien, ¿cuales son esas pérdidas que pueden haber experimentado los adultos mayores durante el distanciamiento social o físico?

En primer lugar, es posible que el adulto mayor extrañe las cosas que hacia todos los días y que formaban parte de sus hábitos antes de la pandemia. Algunos ejemplos pudieran ser, ir a la panadería, ir a cambiar el cheque o ir personalmente a pagar sus cuentas. Es importante reconocer qué hábitos o rutinas se vieron alterados o desaparecieron en este tiempo. La persona puede sentir malestar, tristeza o coraje y pasará por lo que conocemos como un proceso de duelo hasta que pueda aceptar aquellas rutinas que ya no regresarán. Durante el distanciamiento social, también pudiera ser que perdiera el poder participar de eventos o celebraciones familiares importantes como bodas, graduaciones, aniversarios, viajes o la visita de ese familiar que vive lejos. Luego de reconocer los sentimientos que eso provoca, pueden buscarse otras formas alternas que brinden la oportunidad de celebrar o compartir la alegría de la ocasión, como por ejemplo llamar a amistades o familiares para cantar en grupo feliz cumpleaños en una videollamada.

El no poder ver de cerca a sus seres queridos, visitarlos, abrazarlos o compartir con ellos como antes también  representa una pérdida para el adulto mayor. Nuevamente es importante reconocer y validar los sentimientos al respecto. Se puede mantener un sentido de cercanía y acompañamiento hablando por teléfono, escribiendo cartas, enviando tarjetas, dibujos o grabaciones.

Otra pérdida que pudiera experimentar el adulto mayor tiene que ver con sus ingresos o el apoyo económico que recibía de familiares que perdieron sus empleos. El miedo a no poder pagar deudas o cubrir sus necesidades básicas puede traer sentimientos de incertidumbre, preocupaciones,  temores, coraje, tristeza y un sentido de desesperanza. Para ello, resulta recomendable identificar agencias sin fines de lucro o  gubernamentales que prestan ayudas para las que pudiera ser elegible. Familiares, cuidadores y amistades pueden ayudarle en esa búsqueda.

Algunos adultos mayores también podrían experimentar un sentido de pérdida de su libertad personal cuando familares toman decisiones por ellos y ellas con el propósito de preservar su salud. El sentir que no tienen la libertad de elegir a dónde van, a qué hora y con quién, puede experimentarse como una pérdida más. La sensación de libertad percibida es algo que las personas suelen asociar con su bienestar. Ante dichos sentimientos, puede ser útil el poder entender que el ejercicio de la libertad no debe ir nunca por encima del bienestar de las personas que le rodean, le cuidan o acompañan. También es importante que la persona mayor no sea excluida y se le brinde alguna participación en las decisiones que se toman para su cuidado durante la pandemia, en la medida de lo posible.

Por otro lado, en el contexto actual, algunos adultos mayores han visto alterados los roles que tenían en sus familias. Por ejemplo, hay muchas personas mayores que ayudan o ayudaban en el cuido de menores en sus familias, llevándoles a la escuela, recogiéndolos o acompañando a citas médicas. Ante el distanciamiento social, pude ser que ese rol se alterara al tener que disminuir ( o ampliar) los cuidados que ofrecían en la forma acostumbrada. Para manejar la pérdida de un rol se puede tratar de explorar nuevas tareas o roles que todavía pueden llevarse a cabo o modificarse dentro de las circunstancias del distanciamiento social.

Por último, no hay duda de que una de las pérdidas más difíciles de afrontar y manejar, lo es la pérdida de un ser querido o muy cercano que muere. Ante un panorama de muchas pérdidas personales, es de esperarse que el proceso de duelo sea más prologado. Aún cuando la muerte de un ser querido no esté relacionada directamente al COVID-19, sigue siendo una pérdida muy dolorosa y en la situación actual de distanciamiento social, posiblemente será más difícil el proceso de duelo y cierre.

         El duelo es un proceso natural que ocurre luego de una pérdida y cada persona lo experimenta de forma muy particular. Se trata de una experiencia universal que todos hemos vivido o viviremos en varios momentos de nuestras vidas. Conlleva muchas emociones, acciones y expresiones diferentes.  Experimentarlas y manejarlas ayudan a la persona a aceptar gradualmente la pérdida y reponerse a ella. Hay que reconocer que el distanciamiento físico de las personas que forman una parte importante de la red de apoyo del adulto mayor puede intensificar su experiencia de duelo. A las emociones o sentimientos relacionados al duelo, se añaden otras provocadas por no poder compartir la cercanía, recibir abrazos y  muestras no verbales de apoyo y acompañamiento que por lo general brindan consuelo a quien las recibe.

      Ante las circunstancias actuales es de esperarse que sentimientos como la culpa, el coraje y la tristeza se presenten con más frecuencia e intensidad. También es posible que al no poder llevar a cabo una despedida de la forma acostumbrada, o al no poder acompañar al ser querido en sus últimos momentos, sea más difícil que la persona acepte inicialmente la muerte del ser querido como algo que en realidad ocurrió. Puede haber un sentido de impotencia o sentimientos de aislamiento por no tener físicamente a las personas que usualmente le brindan apoyo y consuelo. Tampoco debemos olvidar que hay muchos adultos mayores que viven solos o solas y entre sus pérdidas en tiempos de pandemia se encuentran una cantidad menor de visitas y de contacto con familiares y amistades.

     Tomando en cuenta todo lo anterior, a continuación compartimos algunas estrategias que pueden ser útiles en el manejo de pérdidas y duelo ante la situación de salud pública que estamos enfrentando ante la pandemia de COVID-19, sobretodo pensando en las necesidades particulares de los adultos mayores.

     Debemos comenzar entendiendo que el manejo de pérdidas y el duelo será más difícil ahora para todas las personas que enfrentamos una situación externa que nos hace todavía más vulnerables al estrés, la ansiedad, el miedo, la tristeza, la frustración y otros sentimientos que pueden producir cierto nivel de angustia. Por lo tanto, empecemos validando que todos los sentimientos a raíz de una pérdida son importantes.

     De igual manera, sentirnos conectados es importante para las personas mayores, sus cuidadores y todas las personas en general, sobre todo cuando sufrimos una pérdida o la muerte de un ser querido. Eso ayuda a evitar el aislamiento emocional, así que utilicemos la tecnología, el teléfono, las cartas o postales para mantener el contacto emocional y afectivo. Las familias pueden ponerse de acuerdo para una llamada grupal con la frecuencia que les sea posible o para llamarse entre sí, incluyendo a los adultos mayores.

     Ante la imposibilidad de visitar o acompañar en el hospital al ser querido enfermo, escriba o estimule al adulto mayor a escribirle una carta en la cual exprese aquello que no tuvo oportunidad de decirle o contarle. Si hay algo no resuelto con esa persona puede darse expresar lo que piensa y siente sobre el asunto en dicha carta, a manera de cierre. Expresar los sentimientos hacia la persona puede brindar cierta paz.

     Es importante, además, alternar las actividades que se realizan posterior a la pérdida. Por ejemplo, puede mirar fotos, leer cartas viejas del ser querido, llorar o hablar con alguien sobre esa persona y luego podría realizarse una actividad como cuidar las plantas, hacer ejercicio liviano o leer alguna lectura que le inspire. Eso también puede ayudar a la persona a retomar poco a poco actividades que antes realizaba.

     Atienda los sentimientos de soledad o aislamiento. Es importante hacer un plan para que el adulto mayor no se sienta solo, aislado o relegado.  Por ejemplo, además de llevarle alimentos o sus medicamentos, llévele recursos de entretenimiento como libros, rompecabezas, materiales para hacer manualidades, música grabada o dejarle notas con fotos, pensamientos, poemas o expresiones de cariño.

    Aunque nada sustituye completamente un abrazo apretado, una llamada para compartir recuerdos agradables que guardamos de la persona fallecida puede ser reconfortante. Al limitarse los actos fúnebres presenciales por las medidas de distanciamiento físico podemos retomar la costumbre de enviar tarjetas postales, escritos de periódicos o mensajes audio- grabados. Puede darse el acompañamiento aún en la distancia.

     Si tiene creencias religiosas o espirituales puede ser beneficioso elevar plegarias o realizar oraciones acordando una fecha y hora con sus familiares y amistades. También pude ser útil en el proceso de duelo, el planificar y realizar algún acto de recordación o de despedida conforme a sus creencias particulares. Lo importante es poder tener y ofrecer lo que nos brinde o le brinde al adulto mayor el espacio necesario para procesar los sentimientos y las emociones que está experimentado sintiéndose acompañado o acompañada.

      Nuevamente queremos recalcar que toda emoción o sentimiento es válido. Lo importante es reconocerlos y sobretodo expresarlos en la manera que resulte más beneficiosa para la persona, sea hablando, dibujando, escribiendo o llorando durante una llamada telefónica. La mejor manera de expresar una emoción es aquella que nos ayude a reponernos para poder continuar nuestra vida.

     Por último, si siente u observa que los recuerdos felices se tornan cada vez más dolorosos, si nota que la persona evita a toda costa el contacto con cosas o personas que le recuerdan su pérdida, si aparece conducta autodestructiva (en forma de  auto reproches constantes, abuso de alcohol o medicamentos) o si nota un pensamiento suicida persistente, consulte o insista en que se realice una consulta con un profesional de salud mental.

La autora es psicóloga clínica y miembro del Comité de Asuntos Relacionados a los Adultos y Personas de Edad Avanzada de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

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