Suicidio en el Adulto Mayor: ¿Cómo podemos atenderlo?

Se ha encontrado que la población de adultos mayores de 65 años o más, se encuentra al doble de riesgo de llevar a cabo esta conducta

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Por: María I. Acevedo Velázquez, M.A., M.S., Psicóloga

El suicidio es la tercera causa de muerte violenta en Puerto Rico. Se ha encontrado que la población de adultos mayores de 65 años o más, se encuentra al doble de riesgo de llevar a cabo esta conducta. Por lo tanto, el suicidio representa un problema real para los adultos mayores puertorriqueños. Es importante alejarnos de la perspectiva de que el suicidio en una decisión centrada en las personas. La conducta suicida es un problema complejo que se da en un continuo y que es influenciado por múltiples factores como las condiciones de vida de la persona, estado emocional, aspectos de salud física, seguridad y bienestar. Comienza desde la ideación suicida, hasta llegar a los intentos y la consumación del acto. Rodríguez-Gómez (2018), quien se ha dedicado al estudio del adulto mayor en Puerto Rico, señala la importancia de los Determinantes Sociales en el bienestar y calidad de vida en la etapa más tardía de nuestro desarrollo. La desigualdad social, aspectos socio económicos y marginalización son solo algunos factores que influencian la salud de los adultos mayores, incluyendo la salud mental.

Por lo tanto, para contestar a la pregunta de ¿Cómo podemos atenderlo?, es necesario verlo como un asunto de salud pública y atenderlo en distintos niveles. Desde el ámbito de la política pública, se puede apoyar al adulto mayor con la creación de proyectos que aboguen por el acceso a los servicios de salud mental. También se debe desmitificar la búsqueda de servicios de salud mental y hablar del suicidio sin tabúes en los medios de comunicación. De esa forma se trabaja de manera preventiva y se abre la puerta al diálogo social y la educación sobre el tema. Desde el nivel de intervención, es importante reconocer las características de la población de adultos mayores. Rodríguez-Gómez (2018) nos planea que existen dos grupos distintos: una primera generación y una nueva generación. La primera generación de adultos mayores se caracteriza por un bajo nivel de alfabetismo, limitaciones económicas, mayor dependencia de sus familiares y problemas crónicos de salud. La nueva generación, producto del cambio histórico cultural, se caracteriza por mayor escolaridad, un mejor estado de salud, productividad y energía. No obstante, esta nueva generación se enfrenta a nuevos retos, como el mantenerse activos laboralmente y encargarse del cuidado de la generación de nietos. Al estar más conscientes de su cuidado de salud, los llevan a invertir en los gastos que esto conlleva. Es importante que los profesionales de la salud tomen estas características en cuenta a la hora de promover cambios sensibles que mejoren las condiciones de salud; sirviendo como factores protectores ante el suicidio. Desde el nivel de la intervención directa con el adulto mayor, es necesario fomentar una vida que valga la pena vivir. Velar por que nuestros adultos mayores mantengan un balance entre responsabilidades de una vida productiva, el tiempo de autocuidado y compartir con la familia. Debemos velar que no queden quemados o “burned out” con el cuido de los nietos y a la vez evitar marginalizarlos, dejándolos sin ningún rol en la familia.

Hablar sobre el suicidio en los adultos mayores cobra mayor relevancia en el tiempo histórico que estamos viviendo. En la actualidad eventos como los desastres naturales, terremotos, huracanes y la pandemia de COVID-19, son estresores que aumentan la vulnerabilidad física y emocional. Tras estos eventos, el adulto mayor se ha visto restringido del apoyo emocional de sus familiares e incluso de recibir servicios de salud y cuidado médico. Muchos se han visto alejados de sus seres queridos, quienes han viajado fuera del país para reestablecer su nivel socioeconómico. Hoy en día esa distancia es mayor con los protocolos de seguridad tras el COVID-19, siendo los adultos mayores una población de alto riesgo y siendo lo más sensato mantener la distancia física. Pero distancia física no es lo mismo a distancia social. Estemos pendientes de ellos, dirijámoslos en el uso de la tecnología para mantenernos conectados y fomentemos un estilo de vida saludable para ellos tanto física como mentalmente.

Algunas señales de peligro son el aislamiento, tristeza constante, decir que quiere morir, despedirse, regalar sus posesiones más preciadas, entre otras. Si tu familiar o algún adulto mayor que conoces presenta ideación suicida, aquí algunas ideas de cómo manejarlo:

  • Pregúntale.
  • Tómalo en serio
  • No lo veas como una manipulación.
  • No lo ignores.
  • No sobre reacciones.
  • Déjale saber que estás ahí para apoyarlo.
  • Promueve un rol activo sin perder de perspectiva el auto cuidado.
  • Fomenta las actividades placenteras.
  • Practiquen ejercicios de “Mindfulness” juntos.
  • Colaboren en la búsqueda de solución de problemas.
  • Atiende y valida su emoción.
  • De ser necesario, busca ayuda profesional.
    • Recurso para llamar 24/7
    • Línea PAS 1-800-981-0023

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